Covid-19 y crimen en la CDMX

Covid-19 y crimen en la CDMX

La actividad policial, y tal vez la criminal, se ha reducido drásticamente en la ciudad desde que se declaró la emergencia sanitaria (30 de marzo pasado) provocada por la pandemia del virus Covid-19. El número de víctimas registradas en carpetas de investigación se ha reducido muy significativamente para casi todos los delitos. Por ejemplo, comparando mayo de 2019 con mayo de 2020, observamos reducciones significativas en el número de víctimas por los delitos de robo a negocios y vivienda (68%), lesiones (58%) y robo de vehículos (49%). Las víctimas registradas en carpetas de investigación por el delito de violencia familiar también se han reducido muy significativamente (48%).

Lo que no se reducen son los homicidios:

Vista la reducción en las víctimas registradas en carpetas de investigación por el delito de lesiones dolosas, pero no así por homicidios dolosos, nos queda preguntarnos si los lesionados estarán yendo a denunciar, o bien, si efectivamente la violencia interpersonal por este medio está efectivamente reduciéndose a razón de la declaración de la emergencia.

Estaremos actualizando los datos conforme vayan siendo publicados en la página de Datos CDMX.

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El futuro del crimen

Publicado en El Universal. 11 de abril de 2020

Liga: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/carlos-vilalta/el-futuro-del-crimen

Hace unos días fui invitado a participar en un seminario de investigación organizado por el profesor Manuel Eisner de la Universidad de Cambridge. El motivo que nos reúne es el de anticiparnos a los problemas y vertientes de investigación que surgirán a partir de la pandemia que nos afecta en estos momentos, y que nos seguirá afectando por un tiempo indeterminado. En esta nota quiero aprovechar la ocasión para presentarles algunos de los puntos comentados en el seminario, con implicaciones para el caso de México, que me parecen del mayor interés e importancia para todos.

Efectivamente vienen cambios sustantivos en las formas que vivimos nuestras vidas. Y en este respecto, también vienen cambios sustantivos en las formas en que la criminalidad se desenvuelve. Lo primero que está afectando la actividad criminal, no es tanto la pandemia per se, que sí lo hace obviamente, sino las respuestas de los gobiernos a la misma. Las respuestas de gobierno han sido muy variadas entre países, y por eso vemos no solamente tasas de contagio y mortalidad diferentes entre lugares, sino diferencias en las formas en que las rutinas y estilos de vida de las personas vienen modificándose.

Estos cambios afectarán las formas futuras del crimen, porque, en buena medida, los costos de interacción personal han aumentado a razón de que los contactos personales incrementan la probabilidad de contagio. En este sentido, por ejemplo, a raíz de las medidas de cuarentena y el cierre de negocios, escuelas, etc. se espera que los robos en casa habitación, en negocios, a transeúntes, y de objetos (ej. celulares) disminuyan significativamente. Efectivamente estos cambios en las rutinas afectan las oportunidades criminales y esto teóricamente reducirá ciertos tipos de delitos. Lo que son buenas noticias.

Por otro lado, en términos de emociones, el miedo a la pandemia y la reclusión prolongada en casa aumentarán el estrés y el enojo, consecuentemente propulsando la violencia interpersonal. Y si a esto le sumamos, además, los efectos de la recesión económica experimentadas por el desempleo masivo, falta de ingresos, pobreza, vulnerabilidad social, y los gastos médicos en que incurrirán las familias directamente afectadas por el virus, es previsible que la violencia doméstica y las lesiones intencionales aumenten a raíz de lo anterior.

Otro problema es la afectación que se está viendo ya en los mercados de artículos legales e ilegales. En este punto, es de particular preocupación la reacción del crimen organizado. Aquí hay varios riesgos potenciales. Uno del que ya tenemos noticia se refiere a los incrementos en los precios de los precursores de drogas. La distribución también se complica al reducirse los contactos personales. Es así que, si se reducen sus márgenes de ganancia, es posible que amplíen operaciones y aumenten las confrontaciones. Los fraudes por medios informáticos pueden explotar de forma concomitante con la reducción de otros delitos que requieren un contacto directo entre víctima y victimario. Igualmente, la falsificación de medicamentos puede aumentar por motivos de miedo y desinformación. Es decir, es muy previsible que el crimen organizado se adapte de manera rápida a los cambios presentes en la dinámica social.

¿Significa todo esto que el crimen aumentará o disminuirá en su conjunto? No lo sé y no conozco a nadie que lo sepa. Lo que sí sabemos es que las formas de la criminalidad cambiarán. Ya lo están haciendo. Y nuestro conjunto de teorías nos está sirviendo hoy para anticipar los cambios más probables. Visto todo lo anterior, mi reflexión personal es que tenemos por delante un cambio social de gran escala, con amenazas y oportunidades no vistas anteriormente. La política criminal, por ende, también deberá cambiar en acorde. Seguramente estaremos discutiendo mucho sobre política criminal en los meses por venir.

— fin del artículo —

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Crimen y pandemia: lo que vendrá

Nota para el periódico El Universal. 28 de marzo de 2020.

Liga: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/carlos-vilalta/crimen-y-pandemia-lo-que-vendra)

Estos días nos estamos enterando de saqueos en supermercados, tiendas departamentales y autoservicio en el estado de México y la ciudad de México. En la mayor parte de las ocasiones, por el momento, no son precisamente alimentos lo que se roban, sino productos rápidamente intercambiables por dinero (ej. electrónicos y electrodomésticos).

La sorpresa al respecto es cero. Y no debe sorprendernos si vemos que estos incidentes aumentan en las semanas por venir. Porque lo harán. No seamos fatalistas, pero seamos realistas. No es gratuito que la presidencia de los Estados Unidos y su reserva federal junto con su Congreso, acaban de acordar darle un impulso (entiéndase imprimir billetes) a la economía americana por dos trillones de dólares. Con esto han calmado los mercados bursátiles por el momento. Pero eso no resuelve la recesión en la economía material (real) que está en ciernes. Ni tampoco resolverá la criminalidad por venir.

Porque precedentes históricos de lo que está por venir en términos de crimen, los hay. Por ejemplo, el primero del que sabemos, es durante la plaga de Atenas (430-426 AC), la que mató a Pericles por cierto, sobre la que nos dice el historiador Tucídides que la gente se volcó a las calles a cometer delitos y desorden. Cabe decir que el historiador no nos indica cuál fue la enfermedad asociada a esa plaga, pero se piensa que, por la descripción que él hace de la misma, pudo tratarse de tifoidea o de viruela. También sabemos que fue una pandemia: ésta pasó de Etiopía a Egipto, para luego llegar a Grecia. Y no sobra agregar que el efecto de tal epidemia cambió a Grecia en su conjunto: una época de gobiernos sobrios e inteligentes fue seguida de una sucesión de líderes bastante limitados y limitativos comparativamente.

Es así como la historia nos enseña que las plagas se transmiten fácilmente del cuerpo humano al cuerpo político. Las pandemias generan desorganización social, lo cual a su vez genera crimen. Y es que además de necesidades, las pandemias crean culpas y odios. Los infectados se vuelven las víctimas, literalmente, de delitos que ellos no cometieron. Por ejemplo, durante la peste negra en Europa (1347-1351), los sospechosos de haber traído la plaga a las ciudades eran encarcelados y privados de todos sus bienes. Los prejuicios raciales, de clase social y hasta religiosos, afloran en tiempos de pandemias. Durante la pandemia de 1918, por cierto mal llamada la Gripa Española (dado que fue exportada de los EEUU a Europa y fue la prensa española la primera en reportarla), también trajo consigo estallidos de violencia social y saqueos en un periodo de particular dificultad económica.

Todo esto lo comento porque me preguntan cómo nos va a afectar esta pandemia en términos de crimen. En este momento, no tenemos una precisión estadística al respecto, dado que no tenemos información oportuna. Pero si uno extrapola las anteriores experiencias históricas al momento actual, no debe sorprendernos que el aumento de saqueos y otras manifestaciones de violencia social y delictiva afloren alrededor de nosotros. En las semanas que vienen, inclusive meses, vamos a presenciar cambios muy importantes en las formas de la criminalidad. Muy fácilmente, podemos anticipar dados los cambios en las rutinas de la vida diaria, que algunos delitos y modalidades aumentarán significativamente, como las extorsiones, robo a negocio, robo a repartidor, y las lesiones, mientras que otros disminuirán también significativamente, como el robo a vivienda y el robo de vehículos. No me cabe duda que aumentarán la desobediencia civil y la resistencia de los particulares a seguir los mandatos de la autoridad.

Pero hay una buena noticia, si acaso se le puede ver así, que me he reservado para el final: que no todas las epidemias o pandemias llevan a estallidos de violencia y crimen. Existen cientos de plagas que los historiadores han encontrado en registros históricos, que no vienen acompañadas de reportes de erupciones de violencia o crimen. Si bien han sido menores en gravedad a las anteriormente mencionadas, por lo menos nos dan la esperanza de que, por un lado, no siempre la violencia es un efecto obvio de las pandemias, y por el otro, que la sociedad continuará. Siempre lo hace. Por lo que en este sentido, lo mejor para todos es hacer lo que a cada uno le corresponde, empezando, cuando menos, por no violentar la ley.

—fin del artículo—

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Carlos Vilalta Inseguridad

Tipo de vivienda y sensación de inseguridad

Hace unos días presenté en el Congreso Internacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia (Toluca, Edomex), los resultados preliminares de mi estudio sobre la relación entre el tipo de vivienda y la sensación de inseguridad en la colonia. Este es un estudio que realizo desde hace muchos años, pero que no había tenido ocasión de replicarlo últimamente y menos con los datos más recientes. Es así que con base en los resultados de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) de 2019, hice un análisis de la relación entre el tipo de vivienda y la inseguridad en la colonia.

Comparé los niveles de sensación de inseguridad entre los residentes en “casas independientes” frente a los residentes en “departamentos”, y entre los residentes de cualquiera de los anteriores que poseen “barreras a la entrada” (ej. caseta de vigilancia, porteros, enrejados, puertas con/sin intercomunicación etc.) de su vivienda y los que no poseen tales barreras. En síntesis, comparé a los que viven en casas vs. departamentos, y aquellos que poseen algún tipo de barrera física a la entrada de su vivienda vs. los que no poseen nada entre la calle y la puerta a su vivienda.

Los resultados del estudio se pueden ver directamente en la presentación AQUÍ

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